lunes, 16 de agosto de 2010

Cecilia Castro Gutiérrez

Te vi llegar a mi vida

pero no presentí que sería así.

Hace tanto que te espero,

y parece que estas hecho para mi,

e insisto en mirarte.

¿Qué efecto causas en mí?

Empiezo a recordar el tiempo que vivía,

el dolor pasa inadvertido.

Ya no siento ese vació,

el tiempo que pasa;

y abrazarte mas fuerte quiero.

Respirarte y de nuevo mirarte

y así darme cuenta que

ni entre dichos me alcanzan las palabras

para decirte lo que siento.

Porque para mí el amor

existe por ti.

Puerto

Alex Garrigoz

Melancólico recinto abierto naturalmente
para recibir a la embarcación grande y pequeña;
para dar hospitalidad a los extranjeros
que traen enfermedades, costumbres extrañas
y dejan un puñado de cobre
a las sigilosas mujeres que en el suelo
extienden sus muñecas de trapo, sus crucifijos toscos.
¡Qué algarabía de prosapias y de tránsitos!
¡Qué ruido de silbatos y grosería de marino!

Adversaria la marejada que azotará el muelle,
desanudará las lanchas zozobrando bajo un cielo gris
de estrepitosas y cobardes gaviotas,
dejará en las redes del paciente pescador pobre
un pez globo boquiabierto de perturbantes ojos
y un nudo de algas ponzoñosas.
Enemiga la tormenta flaqueando las palmeras,
perdiendo los humildes tejidos de los techos
en el océano como una boca voraz abierto.

Áspero este lugar de los adioses
donde los amantes ondean pañuelos blancos
y despiden los barcos que no vuelven.

La primera vuelta

Juan Manuel Fernández García

Tierra de noche, fresca como barro, árbol,

déjame hacerte un coro

de tres notas y sepas algo de nosotros.

Mientras mis plantas deforman

tus polvos de otros pasos que

se ha traído la voz del invisible

pero poderoso viento, no vayas a pensar mal.

¿Cuánto tiempo hace que me engañas

diciendo que eres siempre?

De cuáles muertes augustas

no conozco más que una.

Me amas por tenerme de vuelta,

pero siempre esperarás, que cansado,

te alimente de lágrimas,

vidas que se amontonaron en la garganta

y en mis oídos, que a penas

(lleno de penas) recuerdo.

Como la negra mancha

que era un cuadro triste del tiempo.

Si supieras que andas

dando vueltas por la casa,

en el baño, en las camas.

Las vueltas nos traen al pié de las moras

que velaban tu sombrero

y se han de preguntar

por qué la tierra sabe a ti.

Si tuviera el valor de entender la muerte.

Todo lo que se comprende se vuelve simple,

como la rutina de hacerte ver hacia otro lado,

sin reparar jamás en tus llagas de simpleza triste.

Tu mirada comelona de instantes

fugaces, sedientos de vida.

La piel de papelitos manchados.

Y yo no aprendo todavía

que esto no es para siempre

porque la eternidad la hiciera ayer

fantaseando con ella misma,

o entre las piernas de alguien.

Las maletas se quedaron,

tus cigarros, tu tequila, todo,

archivado como evidencias

de realidad, de tu partida.

Por agosto se escapan los quereres,

se inunda el panteón de

“tristes recuerdos”, ¿te acuerdas?

Espera sin esperanza porque

aún no quiero verte.

¡Qué dicha la tuya en la muerte...!

Dando vueltas en mi casa, por el campo.

Yo vagando por el mundo, atrapado.

No es que te envidie;

te admiro por ser valiente.

Nunca me faltó ya decirte nada

porque antes del final me hablaste de frente.

Tomaste tu sombrero y saliste por la puerta

cuando ya había bajado el sol.

Nadie te vio porque todos estaban tan distraídos mirándote.

Te bebiste la muerte como se bebe lo amargo,

sólo para darte cuenta de que no es tan difícil hacerlo;

lo difícil era pensarlo, que los demás lo pensáramos.

Te fuiste, ya hace un año, bien medido.

Tú lo tienes bien muerto y yo medio vivido.

Michelle Carrillo

Perdí todo lo que tenía contigo,

te herí hasta desgarrar los huesos,

hasta la desembocadura del fin del mundo,

te alejé de mí a base de mentiras,

creando una realidad que detestaba.

Y no sabes cuánto te extraño,

te necesito como la única gota de mi existir.

Quisiera descuartizar aquella bazofia de palabras,

dejar de cavar la tumba en que me arrastro,

ruego tu indulto.

No quiero ser más el verdugo de este amor.

Demando a todos los sueños incumplidos,

ellos te harán saber cuánto te adoro,

que deseo pasar una eternidad contigo.

Sabrás que si me das una oportunidad,

Me esforzaré al máximo hasta saciar tu felicidad,

Arriesgaré todo lo que me pidas a cambio de un abrazo,

Porque la realidad es esta, desde hoy y para siempre.