domingo, 7 de noviembre de 2010

Cecilia Castro Gutiérrez

¿Oiga señora de qué es el pan?, es pan de muerto, es tradición del pueblo, ¿no quiere probar los huesitos? contestó.

Y el joven curioso los probó, y así se comió otros dos. ¡Que buena tradición esta la del pan de muerto que no ha muerto, lástima que se degusta cada día de muertos!, pensó.

El joven contento se comió los huesitos, tan rápido los comió que se atragantó. Triste se quedó la señora, pues no le pagó. Ahora el joven muerto espera que su familia le ponga una ofrenda y le dejen pan de muerto, por que sólo en día de muertos, sabroso y bueno el pan muerto se puede disfrutar.

Niña amada mía

Luz González

Toma mi mano amada mía,

no te alejes, luz de mis días;

eres la reina de mi alegría,

carita tierna, dulce sonrisa.

Canta conmigo mi melodía,

linda tonada, flor de mi vida,

siente mis labios sabor a sandía,

extiende tus manos junto a las mías.

Te ofrezco mi amor, hermosa niña,

al verte, mi corazón siempre palpita,

nunca me dejes, no lo soportaría,

triste y solo, muero en agonía.

Juan Manuel Fernández García

Esa mi madre de blanca flacura,

adornada de sedas y plumas;

dame hoy la fortuna y libérame,

de la vida que hoy me abruma.

Qué hermoso el misterio tuyo,

elegante, frágil, doloroso,

llenas mi dolor de gozo,

de mezcal, velas, música y barullo.

Muerte, tan bella en tu misterio,

doloroso cautiverio,

la vida misma es con toque gracioso,

elegancia de luto cerrado, negro.

Mira qué bien me sienta hijo,

el estar lejos del cuerpo enfermo;

tan fuertes y duros que tenía los huesos,

que la carne me estorbaba para andar.

Ésta que te trae colgando,

no es ni buena ni mala, es pareja,

no la ofendas de fea ni de vieja,

es bella.

Ya finado me veo,

elegante y relajado;

tan sólo preocupado,

por las flores y su olor.

Mira qué bien me llevo contigo,

sabiendo que por ti quiero a la vida.

Ironía siempre tu llegada,

ecuación perfecta,

vida igual a muerte.

Muerte, tan bella en tu misterio,

libérame del cautiverio,

que la vida misma es.

Despiértame de éste sueño,

que Calderón de la Barca,

afirmó el mundo era.

Herrado te he esperado,

sin saber que ya estás aquí,

ya me llevas a cada instante,

me arrastras desde el útero.

Carolina Torres García

Tus ojos son como estrellas brillantes,

como el dulce resplandor del sol,

en cada abrir de tus ojos.

Me inspiras a vivir,

tu inocencia es como la flor,

que cierra sus pétalos al anochecer.

Esa sonrisa traviesa,

de rojo amanecer;

me hace sentir que vivo,

como un lento atardecer.