jueves, 29 de abril de 2010

La novia que espera

Yanine Quiroz

Soy la novia que espera,

espero la noche para caer en sueño,

la espero para disfrazarme de estrellas,

espero el próximo respiro para navegar mi piel,

espero mil, no mil, mil ocho mil latidos para sonreír,

espero, no busco, deseo, lo atraigo,

espero el día para reabrir pupilas, ¡oh, despierto!,

y espero el sol para un gran mañana,

y espero siempre la misma melodía, la amo,

la espero en mis oídos que esperan algo nuevo,

espero un poema inspirado, de mis manos,

tierra que alimenta gargantas censuradas,

espero al miedo para espantarlo, no existe,

espero el tic-tac del reloj eterno, es el tiempo,

espero el mendigo de las esquinas, hambriento,

espero que me recuerde a mí, sensible, agradecida,

espero la noticia de mi deseo espacial cristalizado,

la espero por que con ella regreso al lugar que amo,

espero la luz iluminando a mis hermanos,

espero que enciendan sus vidas tomados de la mano,

espero que el universo mutante prevalezca,

espero su fuerza, su belleza encerrada en unos ojos,

espero ser la esposa fiel de lo que quiero,

espero nunca abandonar eso que tanto anhelo,

espero, ¿a un hombre?, ¿a su amor?,

lo espero tan pronto como yo sea el amor propio,

espero todos mis recuerdos, empacados y frescos,

espero para probarlos cuando ya ni comer pueda,

espero, no busco, deseo, lo atraigo

porque soy la novia que espera,

amante de toda experiencia,

amante de las gaviotas celestes y del sol asoleado,

amante del buen amigo que da todo y todo lo da,

amante del cuerpo sobre el cuerpo y los labios sobre los labios, húmedos,

amante de la naturaleza, más de lo natural,

amante de las letras y su música y su baile,

amante de tu inconsciente leyendo estos versos,

amo, espero, no busco, deseo, lo atraigo, y me entrego,

soy la novia que espera.

Florum

Francisco Jesahe Sarabia Morales

En la tarde fresca, mientras el aire sopla fuertemente, la pequeña niña juega en el jardín. El jardín con hermosas flores que se mecen con el viento, no vacila en entretener a la dulce chiquilla...
Conversando con las flores que va cortando una por una, su cabello vuela por su oreja y tapa su rostro. Sin embargo, no importa. Las flores le hablan y ella las escucha atentamente. Al igual que las flores, su vestido verde botella se revolotea con la ventisca.

Asteráceas, liliáceas, pterofitas, orchidáceas, rosáceas; ninguna escapa de las manos de la niña en su plan de hacer un lindo ramo. Mientras corta las grandes brácteas de la Noche Buena, el rugido del viento sopla en sus oídos. De verdad es una tarde hermosa.

Girasoles, tulipanes, helechos, orquídeas, rosas blancas van formando poco a poco su colorido y poco estructurado ramillete que ha quedado terminado. Viéndolo entre sus manos lo observa tiernamente, no le preocupa el regaño posterior, no piensa en nada más. Sólo en las flores que sostiene. Para ella no existe más que ese momento, de una tarde fresca con ventisca, en el jardín. No existe nada más que el lindo efluvio de las flores.

Sonríe pues al fin y al cabo ya tiene el regalo de su madre...

Papelera del contra yo, dulce abono

Ulises Regalado Ramírez

Te hieren, te mutilan, son el arrebato de un bolero en víspera de espera fundida, tan antaño está la cercanía de sus cóleras que, a castigadas partidas, el invierno de los cerezos se convierte en el edén de los suicidas. Que se vayan los tortuosos, que el letargo no anuncie más su pavura, cantera hervida de mis delirios. Desde allá, mas allá del acento, se prostituye el hocico de la esperanza malsana, el vagabundo lamentar proclama su podrir en los amores, crecen los revoltijos temporales como astros enjaulados en faroles, tan sufridos, fallidos al contacto del salto, al sudor que respira sueños por voces de piel ocaso. Innato folklore de saberse secuestrado por el olvido; profanado, jamás utilizado, siempre abnegado a los aplausos de triste condena. Sobre los pantanos, las rayuelas rayan las bombas con trozos de crayones paridas en aerosol, pero mira que indiferente es el eternizador caducado, que se va por que vuelve al noctámbulo.